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Turismo >> El Parque Natural de la Sierra Mariola


 

 

 

 

Tríptico de la Sierra de Mariola  

LA SIERRA DE MARIOLA

La sierra Mariola se extiende entre los términos municipales de Alcoi, Cocentaina, Muro, Agres, Alfafara, Bocairent y Banyeres de Mariola, alargándose el macizo calcáreo hacia el poniente por las sierras de Onil y la Fontanella, a los términos de Onil y Biar. Fue declarada por a sus valores naturales, paisajístico y culturales, Parque Natural por Decreto del Gobierno Valencia, de 8 de enero de 2002. Es precisamente en los términos de Agres y de Alfafara donde el conjunto de los valores mencionados de la sierra consigue más nivel.

En el caso de Agres, y aparte del Montcabrer-Alberri, se encuentran las cumbres más altas de la sierra: Tejo, Rerisco, Alto de la Codolla- Loma del Enebral, Peña del Reloj.

Cava Grande o "Arqueada"Por otro lado, como consecuencia de las reforestaciones realizadas entre los años 40-75 en los montes de Utilidad Pública, así como la orientación y pluviometría de este sector de la Mariola, nos encontramos con formaciones boscosas de pinares con una creciente presencia de especias vegetales propias del bosque maduro potencial subhúmedo: fresnos, arces, carrascas, robles, tejos, este hecho es muy notorio en zonas de hombrías y en los barrancos, entre otros los de Montblanc, Espliego, Garlé, Quinyons, Arriero. Quizá la formación vegetal más valiosa de todo el Parque Natural sea “La Teixera”, con ejemplares milenarios, formando el bosque de esta especie (Taxus bacata) más meridional de la Europa. Acompañando los tejos, nos encontramos el ejemplar de arce más grande de la provincia de Alicante.

La geomorfología de la sierra Mariola en el término de Agres presenta formaciones notables dando lugar a paisajes espectaculares: Peña de los Peones, alrededores del Convento, siendo muy común encontrar cuevas, nacimientos, fuentes y manantiales.

La abundancia de especias aromáticas en la Mariola es bien conocida, si bien el avance de los yermos y del abandono de los bosques, hace que poco a poco disminuya la superficie de formaciones de salvia, espliego, tomillares, y otras apreciadas especies con muchos usos.

La fauna más interesante la constituyen las águilas (real y de tripa blanca), el halcón, el gavilán, el búho o duque y de entre los carnívoros, el gato cerval, la jineta, la garduña, el tejón. Se trata de un de los sitios de la comarca donde hay fauna característica de zonas boscosas, normalmente escasa o inexistente en nuestras tierras.

Por todo lo expuesto anteriormente, por sus valores culturales y arqueológicos, hacen que posiblemente, la parte más emblemática del Parque Natural de Mariola sea la que se sitúa al término de Agres.

Situada en el núcleo montañoso del sur del País Valenciano, a caballo entre las comarcas de l’Alcoia, el Comtat y la Vall d’ Albaida, la sierra de Mariola es, con sus más de 16.000 hectáreas, una de las más extensas del País y una de las más conocidas tanto popularmente como en medios científicos. La belleza y agresividad de sus paisajes, sus riquezas naturales -especialmente las aguas- y el interés de las características biológicas y, sobretodo, botánicas, la han dotado de una merecida fama más allá de nuestras comarcas y han hecho de ella un símbolo de identificación para los habitantes de los pueblos que viven a sus pies.

En general no existe unanimidad con respecto al área a la que se debe aplicar el topónimo Mariola; así, hay quien limita la sierra a poco más de los derredores del Montcabrer, mientras que por otra parte algunos autores la prolongan hasta la provincia de Murcia. Como quiera que la naturaleza no entiende de fronteras, sino transiciones más o menos rápidas, cualquier intento de delimitar una unidad natural nos debe dar idea de subjetividad. Por ello, y aunque hay razones más o menos válidas para defender todas las posturas, nosotros nos inclinamos por la delimitación digamos "tradicional", según la que la sierra de Mariola es la área comprendida entre los siguientes límites convencionales:
- Por poniente, la depresión de Bocairent (delimitada al sudoeste por el río Marjal y al nordeste por el barranco de Ontinyent) y atravesada por la carretera comarcal 3.316 de Ontinyent a Villena.
- Por levante, el valle del río de Alcoi hasta la población de Muro, recorrida por la carretera nacional 340.
- por el norte, la Valleta de Agres, con el río Clariano (y sus barrancos afluentes) al oeste y el río de Agres al este. La carretera local que une Agres y Alfafara recorre esta valle.
- por el sur, la depresión Canal-Polop, con la carretera comarcal 3.313 que une Alcoi y Banyeres de Mariola, delimitada por el río Vinalopó al sudoeste y el río Polop. Es en este flanco donde la delimitación se hace más difícil, ya que por aquí Mariola enlaza con la vecina sierra de Fontanella, muy relacionada con ella y perteneciente a la misma unidad geológica.
Éstos hitos delimitan como hemos dicho el área que popularmente se conoce como la Mariola; el gran botánico y viajero valenciano del siglo XVIII Antoni Josep Cavanilles dice: "tiene una legua de norte a sur, y más de cinco de nordeste a sudeste, en cuya dirección se prolonga hasta frente Saix, en el reino de Murcia; no tiene interrupción alguna en este largo espacio, si bien muda de nombre llamándose hacia poniente sierra de Biar y de Onil".

El territorio delimitado así tiene una considerable unidad geológica y geomorfológica, ecológica, botánica y paisajística, y de este hablaremos de ahora adelante cuando nos referimos a la sierra de Mariola.

La alineación de Mariola, que sigue una orientación predominante SO-NO, presenta las máximas alturas en el sector nororiental, sector donde además encontramos la mayor agresividad paisajística; esta agresividad es el resultado de los intensos movimientos tectónicos que afectaron a la sierra durante su formación.

El punto culminante de la sierra es el alto de Montcabrer, que con sus 1.389 m es un de las cumbres más importantes de las comarcas del sur del País Valenciano. Por contra, en los valles situados a los pies de la sierra en esta zona, los ríos de Agres y de Alcoi discurren a una altura aproximada de 400 m. Por lo tanto, en poco más de cinco kilómetros los desniveles consiguen valores de más de 900 metros. Esto provoca que en esta zona de sierra, las pendientes tengan con facilidad valores del 30 y hasta el 40%. Los barrancos que descienden de la sierra por esta cara son también los más espectaculares; destaca entre todos el imponente desnivel del barranco de la Cabrantà.

Otros puntos culminantes del macizo, situados también en la caras septentrional y oriental, son las Peñas “Monteses” (1.350 m), el Morro del Contador (1.232 m), El “Poertí” de Alfafara (1.086 m) o el Cabeçó de Mariola (1.000 m).

A medida que avanzamos hacia el sur y el oeste, hacia la zona conocida como alto de la “Fontfreda” hombrías del “Buixcarró” Morro del “Porc”, la sierra pierde en gran manera la agresividad a la que aludíamos anteriormente, y se forma un relieve más relajado dominado por pendientes más suaves, aunque las cotas principales siguen aproximándose o superando los 1.000 m de altitud, sobretodo al alto del “Sotarroni”. Algunos puntos elevados de este sector son “L’Eixarc” (1.093 m), “Sant Jaume” (956 m) o el “Capollet de l’ Águila” (951 m).

Otro aspecto destacado en lo concerniente al relieve de la sierra, es la existencia en el área que delimita por el norte la fachada de Alfafara y por el sur la depresión del Vinalopó, de unos llanos interiores de pendientes muy suaves. En esta zona, conocida en general como “los Planets d’Aparisi” y de “Santa Bárbara”, próximos a la Fuente de Mariola, son depósitos formados por masas de arcillas producto de los procesos de descarbonatación de las rocas calcáreas (es decir, la pérdida por disolución de los materiales carbonatados, loa cuales dejan un sedimento coloreado por la presencia de óxidos de hierro). Esos sedimentos, de color marcadamente rojizo y de textura arenosa (por eso la presencia de pinos piñoneros a la zona) son los que dan en el sitio su fisonomía característica. 

LAS ROCAS

A lo largo de los tiempos geológicos, la sierra de Mariola no ha estado siempre como hoy la conocemos. A grandes rasgos, y de forma necesariamente simplificada, esta podría ser una "biografía" de nuestra sierra.

Las rocas más antiguas que afloran hoy en Mariola, los yesos y arcillas rojizas del keuper (período triásico), se depositaron entre 237 y 213 millones de años. En este momento, cuando aún todos los continentes estaban unidos formando un único continente (Pangea), comienza a esbozarse el que será, tras muchos millones de años, nuestro Mediterráneo.

Hace 160 millones de años, en el período jurásico, el supercontinente Pangea comienza a separarse en un bloque al norte y otro al sur y se abre entre estos el futuro mar Mediterráneo. El borde occidental de la actual Mariola corresponde a una zona de plataforma marina, de escasa hondura y poca sedimentación. Las rocas que se depositaron en este período afloran actualmente en la Loma (cerca de Muro).

Las condiciones señaladas se mantuvieran hasta el final del período cretáceo inferior, hace unos 125 millones de años, cuando poco a poco, al ir consolidándose la apertura del Mediterráneo, las características marinas de la entonces cuenca de Mariola van acentuándose; en este momento la zona debía corresponder a un borde de cuenca marina, con una sedimentación continua e importante, aunque acondicionada por los frecuentes cambios del nivel del mar. La mayor parte de las rocas que vemos hoy en la sierra se formaran durante este período, que dura hasta hace unos 65 millones de años.

Es entonces cuando las fuerzas orogénicas, provocadas por el acercamiento entre las placas continentales de África y Eurasia, comienzan a sacudir el enorme paquete de sedimentos que a lo largo de todos estos millones de años se han depositado en la cuenca. Hace más o menos 60 millones de años Mariola constituye ya un anticlinal, de orientación SO-NE, que queda configurado como una isla. Pero es durante el eoceno medio y superior (hasta hace unos 42 millones de años) cuando se produce con mayor intensidad el plegamiento y alzamiento de la sierra, juntamente con el resto de la cordillera Bética. Esta fase orogénica se prolonga hasta hace unos 11 millones de años, en el período mioceno superior, cuando ya la zona quedó definitivamente emergida. A pesar de esto, quedan aún algunas pequeñas depresiones inundadas que durante el plioceno mantienen una limitada actividad sedimentaria.

Durante el mioceno superior, y con la zona ya bien estructurada, el mar sufre diversas subidas y bajadas de nivel. Durante estas fases la progresión del mar hacia el interior provoca la sedimentación de grandes bancos de margas blancas, que rellenan las depresiones y valles que rodean el anticlinal. Al final del mioceno, hace 10 millones de años, el mar abandona definitivamente la zona por el sur.

Desde este momento hasta el principio del cuaternario, unos dos millones de años atrás, Mariola sufre una serie de reajustes tectónicos, de los cuales los más importantes son los provocados por las rocas triásicas subyacentes. Todo este proceso completa el desarrollo de la sierra y provoca la gran complejidad estructural de Mariola tal como hoy la conocemos.

Durante los últimos dos millones de años, y como norma general en toda la superficie terrestre, los procesos destructivos predominan sobre los constructivos; así, los agentes meteorológicos han actuado, y actúan aún, suavizando las formas de Mariola. Estos procesos, objeto de estudio de la geomorfología, son los causantes del relieve que actualmente podemos observar a nuestra sierra.

Los procesos erosivos que actúan a Mariola están acondicionados por la naturaleza calcárea de los materiales y se pueden diferenciar en erosión mecánica y erosión química.

La erosión mecánica es la producida por el agua al penetrar por los agujeros de las rocas, cosa que provoca, por procesos de congelamiento y descongelamiento, la rotura de estas. Las manifestaciones de esta modalidad erosiva a Mariola son relativamente reducidas y corresponden principalmente en pedreras y coladas de deslizamiento. Por otro lado, las precipitaciones, de fuerte intensidad, junto a los acentuados desniveles que aparecen en muchos puntos de la sierra, facilitan la actuación de los fenómenos de escorrentía, especialmente patentes cuando actúan sobre materiales fácilmente disgregables. Mención aparte merece la gran erosión del suelo, hoy día muy degradado en muchos sitios y, en ocasiones, irrecuperable.

La erosión química se pone de manifiesto cuando el agua, cargada de anhídrido carbónico, disuelve las rocas calcáreas y da lugar a características morfologías en la superficie y subsuelo. Este tipo de erosión, conocida como a cárstica, ha actuado y actúa de forma muy intensa a Mariola al verse favorecida por la naturaleza calcárea de la sierra y por el elevado grado de facturación de la roca, lo cual facilita la penetración del agua y su acción de disolución. Entre las manifestaciones superficiales más destacables podemos señalar “les dolines” (depresiones de dimensiones y profundidad variables formadas a partir de un punto de absorción) y, a una escala de tamaño menor, los lapiaz o rasclers (terrenos "aganivetats"), muy frecuentes en sitios elevados, como los derredores de Montcabrer.

Consideración aparte merecen las estructuras cársticas internas que, por disolución en profundidad, dan lugar a una importante red de simas. Este carst interno se encuentra íntimamente relacionado con la circulación subterránea del agua y con las afloraciones de esta a la superficie.

MARIOLA, LABORATORIO GEOLÓGICO

La complejidad estructural de Mariola, junto a su situación crítica dentro las cordilleras Béticas, en el umbral entre los dominios sedimentarios prebéticos, interno y externo, ha hecho de la sierra un campo fértil para las investigaciones de geólogos, sedimentólogos y paleontólogos de toda Europa.
La serie cretácea de calcáreas, por su potencia y continuidad, ha sido objeto de estudio para muchos autores, y su disposición en el barranco de “ L’Esquerola” (Cocentaina) ha sido clásica en los trabajos sobre las cordilleras Béticas del mediodía valenciano.

Aparte de su notable interés estratigráfico, este sitio es un yacimiento fosilífero de primer orden, donde se han recogido y estudiado, entre otros materiales, una gran cantidad de especies marinas, sobre todo gasterópodos, especialmente amonites y belemnites.

Otro yacimiento importante es el de los lignitos del Puntal de la Mina (Alcoi), formados durante el plioceno en áreas lacustres cerradas, que ha permitido estudiar la fauna de mamíferos que vivía en la sierra hace tres millones de años. Entre los materiales recuperados se cuentan restos de antepasados de los actuales osos (Agriotherium), elefantes (Anancus o Mastodon), rinocerontes (Dicerorhinus), toros (Parabos) y caballos (Hipparion).

Todo esto hace de Mariola un importante campo de estudio de las disciplinas geológicas y aboga, una vez más, por la toma de las medidas necesarias para la preservación de estos tesoros. 

EL CLIMA

Por su situación geográfica, la sierra de Mariola goza de un clima típicamente mediterráneo, con temperaturas suaves, lluvias concentradas en primavera y en otoño y una pronunciada sequía estival. La dinámica atmosférica general determina este clima: en verano, un potente anticiclón se sitúa sobre las Azores e impide que las borrascas, que circulan de poniente a levante, lleguen en la península Ibérica.

Cuando llega el otoño, las altas presiones de las Azores se desplazan y dejan de ser un obstáculo para las frentes del Atlántico. A pesar de esto, el hecho de que Mariola se encuentre en la fachada oriental de la península Ibérica hace que esas masas atlánticas de aire húmedo (causa importante de precipitaciones en las zonas de poniente) llegan a nuestra zona muy desecadas; por ello, las lluvias más importantes, centradas en otoño y en invierno -y en menor medida en primavera- son debidas sobretodo a otro tipo de fenómenos, relacionados con la incidencia de vientos húmedos de levante procedentes del Mediterráneo.

La sierra se beneficia por su orientación y altitud a la hora de captar estos vientos, del este y el nordeste; por todo ello, Mariola (como muchos otros sistemas orográficos) actúa como una pantalla que recoge las precipitaciones.

Pero por esta misma causa, y según nos situamos en la sierra en una u otra exposición, encontramos diferencias significativas en la cantidad total de agua recogida: en las vertientes norte y este las precipitaciones son más importantes, tanto por la orientación de la sierra como por sus alturas máximas, que se dan precisamente en este sector. Por contra, el efecto de pantalla perjudica a las vertientes sur y oeste, en los que los valores de la precipitación media anual disminuyen sensiblemente. No obstante, en Alcoi el efecto pantalla se ve en cierta forma atenuada al actuar el valle de su río canalizando los vientos húmedos. Banyeres de Mariola, al extremo sudoeste de la sierra, queda fuera de este influjo; esto, junto a su situación más continentalitzada -más alejada de la mar-, hace que sus valores de precipitación sean los más bajos de todas las estaciones de Mariola.

El ritmo estacional de las precipitaciones, en cambio, es muy similar en toda la sierra: las lluvias más importantes se dan en otoño, concretamente durante el mes de octubre; de menor importancia, pero también remarcables, son las precipitaciones que se producen al invierno (diciembre) y primavera (abril), mientras que en verano, y en concreto en julio, es la época en la que llueve menos.

No podemos acabar hablando de las lluvias sin remarcar dos características importantes de las precipitaciones de nuestra zona: la gran irregularidad de las cantidades totales de agua recogida entre los distintos años y la existencia de precipitaciones de corta duración y gran intensidad (como las originadas por las gotas frías), a veces de gran potencial destructivo, concentradas especialmente en otoño.
El agua atmosférica que llega a la superficie no lo hace solo en forma de lluvia, sino que hay otras formas de precipitación que, a pesar su escasa contribución, pueden llegar a ser significativas bajo condiciones muy determinadas.

Íntimamente relacionadas con el carácter montañoso de la zona, las nevadas hacen acto de presencia en la sierra muchos inviernos, especialmente en sus cotas superiores. Propias de los meses con temperaturas más bajas (sobretodo enero y en menor medida diciembre y febrero, prolongándose excepcionalmente hasta el mes de abril), se calculan unas medias de días de nevada en Mariola que oscilan entre 1-2 días en Alcoi y 4 en Agres, que se deben al aumentar la altitud a la sierra. Las cavas o pozos de nieve son testimonio de la antigua industria de la utilización de la nieve para la producción de hielo, actividad que debió constituir en tiempo antiguos una fuente importante de riqueza para los pueblos de la sierra, especialmente Agres y Alfafara.

Las nieblas y rocíos también pueden aportar un complemento de humedad de cierta relevancia, especialmente en las épocas más secas del año y bajo situaciones microtopográficas privilegiadas. El efecto de barrera orográfica al que ya hemos aludido facilita la captura en las cotas más elevadas -Montcabrer y alrededores- de nubes bajas, que contribuyen a mantener un grado elevado de humedad ambiental; la escasa insolación a la que, a causa de la orientación de la sierra, se ven incursos las vertientes septentrionales, colaboran también a crear un ambiente fresco en estos sitios. Estas condiciones locales tienen gran importancia, por ejemplo en lo concerniente a la presencia en la sierra de muchas especias vegetales, que dependen de la existencia de esos ambientes para su supervivencia.

Posteriormente, comentaremos que el ritmo anual de las temperaturas es semejante en toda la sierra, aunque los valores medios presentan variaciones importantes según la altitud y la exposición del observatorio: las medias anuales oscilan aproximadamente entre los 13 y los 16º C. Como es habitual en climas mediterráneos, la variación termométrica anual forma una curva, con el máximo al final del verano y el mínimo al principios del invierno. El mes más cálido es agosto en Alcoi y Agres (con temperaturas medias de 21,9º C y 25,4º C, respectivamente), mientras que en Banyeres de Mariola las temperaturas son superiores en julio (con 22,5º C frente a los 22,3º C de agosto); el mes más frío es enero, con temperaturas medias que oscilan entre los 5,3º C de Banyeres de Mariola y los 8,6º C de Agres. Las heladas son frecuentes en los meses invernales, especialmente en enero, y se presentan en el período comprendido entre noviembre y abril en las zonas meridionales y bajas y de septiembre a mayo en las zonas septentrionales más elevadas. 

EL AGUA

El agua es, sin duda, una de las grandes riquezas naturales de Mariola. Recurriendo de nuevo a las gráficas palabras de Cavanilles, nuestra sierra es "...la primera y sin igual si consideramos las riquezas que proporciona a los pueblos arrojando hacia todas partes ríos o copiosas fuentes. A muchas dan lugar los demás montes, pero casi siempre en las partes septentrionales; sólo Mariola las da por todas y con profusión, como por especial privilegio de la Naturaleza".

El "privilegio de la naturaleza" a qué se refiere Cavanilles es debido, por una parte, a la naturaleza calcárea de la montaña; este factor, combinado con la intensa fracturación que caracteriza a los calcinales, hace que en conjunto el roquero sea muy permeable y que se facilite la acumulación de las aguas en profundidad, al encontrar las filtraciones una capa impermeable. Las precipitaciones, como hemos visto, nada despreciables, proporcionan la materia prima para llenar las entrañas de la sierra. Hay que recordar así mismo el importante papel de la cubierta vegetal (muy menguada en nuestra sierra) que facilita la captación y filtración de las aguas de lluvia y disminuye el efecto de escorrentía, limitando la erosión del suelo. Todos estos factores hacen que Mariola sea considerada una unidad hidrogeològica de primer orden.

Las bolsas de agua pueden mantenerse ocultas, pero afloran en la superficie aprovechando varios accidentes del terreno y del sustrato, dando lugar a fuentes y manantiales. De las innumerables afloraciones que siembran Mariola, muchas presentan un carácter permanente, esto es, manan durante todo el año. Son las más conocidas: Fuente de Mariola, Molí Mató, La Cova, La Font Freda, el "Sumadoret", el "Xorrador", la Coveta, el "Sapo", la Boronada... Mención aparte merece el afloramiento “dels Brulls”, en el nacimiento del río Vinalopó, donde el agua aflora del suelo del fondo del río formando burbujas.
Muchas de las fuentes y manantiales dan lugar a corrientes superficiales de agua, temporales o permanentes, que conocemos como barrancos, arroyos o ríos. En lo concerniente a esta red hidrográfica, las aguas de Mariola desembocan en tres cuencas importantes: las de los ríos Vinalopó, Serpis o Alcoi y Clariano.

* El río Vinalopó nace en la vertiente sur de la sierra, en el término de Bocairent, en el paraje conocido como “dels Brulls”.

* El río de Alcoi se forma a los pies de esta ciudad a partir de las aportaciones de los ríos Molinar y Riquer; este último es producto de la unión de los ríos Barxell y Polop, originarios del flanco sur de Mariola; el río de Agres y el barranco de Benissaidó son dos corrientes importantes, originadas en la sierra, que vierten sus aguas en este río.

* La cuenca del Clariano, afluente del río de Albaida, recoge las aguas del extremo noroccidental de la sierra a través de los barrancos de la Fos, de Ontinyent y del Puente Roto.

TODA A FLORES

No cabe duda que si alguna cosa ha dado a conocer a Mariola más allá de nuestras tierras, ha sido la variedad y riqueza de su poblamiento vegetal. No obstante, tiene razón el eminente -y temperamental- botánico de Segorbe Carlos Paz cuando al siglo pasado escribía: "La Sierra Mariola puede ser rica en formas, pero no en plantas; su fama se tan grande como inmerecida".

En efecto, más que por la originalidad o exclusividad de sus especias -aspectos que son muy apreciados por los botánicos-, la popularidad florística de Mariola tiene su raíz en la abundancia y diversidad de las plantas que, desde un tiempo inmemorial, han sido utilizadas como remedio para las enfermedades, aromatizantes de comidas y bebidas o como condimentos. Hacer una lista de estas plantas y de sus usos tradicionales seria excesivamente largo; podemos mencionar, no obstante, algunas de las más utilizadas, como el rabo de gato (Sideritis angustifolia), espliego (Lavandula latifolia), betónica (Stachys heraclea ssp. valentina), salvia (Salvia blancoana ssp. mariolensis), tomillo (Thymus vulgaris), pinillo de oro (Hypericum ericoides), hinojo (Foeniculum piperitum) y te de roca (Jasonia glutinosa), entre muchísimas otras.

Dejando a una parte el estudio de los usos y aplicaciones de sus plantas, Mariola es botánicamente importante por otros factores: situada en una zona de contrastes, sus variadas características ecológicas dan apoyo a una flora notable. Desde los bordes de los ríos y fuentes hasta las máximas alturas del Montcabrer, cerca de mil doscientas especias distintas -una cifra respetable, pero no excesiva- encuentran las condiciones apropiadas para vivir (o solamente sobrevivir) en esta zona. Un grupo importante de estas especias tienen para los científicos un valor especial, por diversas razones: por tratarse de plantas raras o poco frecuentes; porque con su presencia indican características ecológicas peculiares; o porque proporcionan información sobre la historia de la colonización vegetal de la sierra. Este último grupo es especialmente importante en una zona, como Mariola, abierta a las influencias de territorios más o menos alejados, y de características singulares -como las montañas de Andalucía, el norte de África, el sistema Ibérico y el Maestrazgo, o incluso las islas Baleares- y es un de los puntos más interesantes en lo concerniente al estudio de la flora de la sierra.
En cualquier caso, sea con una visión meramente científica o con una perspectiva más popular y pragmática, el interés de las plantas que crecen a Mariola queda fuera de duda; por ello, y ante el estado de creciente degradación en la que se encuentra la cubierta vegetal de la sierra, hay que evitar cualquier acción destructiva, sea de efectos tan brutales como los incendios forestales o tan aparentemente insignificantes como una recolección exagerada; el resultado puede ser el empobrecimiento progresivo y la desaparición de este patrimonio único e insustituible.

PLANTAS RARAS Y ENDEMISMOS

Para evitar el conflicto que supone la utilización de los nombres vulgares de las plantas (o los animales), sobretodo entre idiomas diferentes, los naturalistas utilizan un nombre a latín, compuesto por dos palabras (género, la primera, y especia, la segunda) para designar todos los seres vivos.

Pues bien, hay diversas especies en el nombre de las que figura el epíteto "mariolense", no para que sean exclusivas de Mariola, sino por hacer notar que el botánico que las descubrió las recogió en esta sierra: Centaura mariolensis, Hieracium mariolense, Euphorbia mariolensis, Sysimbrium mariolense, etc.; no obstante, muchas de estas especias - casi todas descritas al siglo pasado cuando una mínima diferencia era considerada motivo para separar una especia nueva- no son actualmente mantenidas como a tales por los científicos, sino que han pasado a constituir sinónimos de otras especias o meras variedades sin mucho valor taxonómico.

No hay, por lo tanto, ninguna especia vegetal que aparezca solo a Mariola -es decir, que sea endémica de Mariola-; sí que hay, en cambio, algunas que solo viven en el núcleo montañoso del mediodía valenciano, al que los botánicos denominan las montañas setabenses, donde se incluye nuestra sierra.

Que una especie sea endémica de un territorio determinado no siempre significa que dentro de este territorio sea poco abundante; por ejemplo, especias tan conocidas y frecuentes a la sierra como la pebrella (Thymus piperella), el tomillo cabezón (Teucrium homotrichum) o la salvia (Salvia blancoana ssp. mariolensis) son endemismos setabenses. Otros endemismos, en cambio, son raros si requieren para vivir condiciones ecológicas particulares, como por ejemplo los microclimas característicos de los roquedos. Algunos ejemplos presentes a Mariola son Jasione foliosa, Hieracium mariolense, Erodium valentinum, etc.

Los endemismos tienen un gran valor para los estudiosos de la naturaleza, ya que a menudo son restos del poblamiento vegetal de otras épocas, testigos que han resistido, acantonados en sus reductos, la extinción; otras veces, por contra, se trata de especias jóvenes, en pleno proceso expansivo; en todo caso su presencia contribuye a dar carácter a la flora de la sierra y constituyen un objeto de estudio botánico de gran interés y un patrimonio común que hay que conservar.

MARIOLA, PARAÍSO DE LOS BOTÁNICOS

Aunque a escala local y regional Mariola debía ser conocida desde tiempo antiguos como una zona privilegiada desde el punto de vista vegetal, es a partir del siglo XVII cuando la fama de la sierra atrae viajeros ilustres de toda Europa, que la visitan para recolectar y estudiar sus plantas, sobretodo desde la perspectiva herborística y farmacológica.

Los trabajos de Cavanilles, en las postrimerías del siglo XVIII, son decisivos para consolidar la idea de Mariola como a un núcleo botánico de primer orden; gracias a eso, a lo largo de todo el siglo XIX -una época de apogeo de los estudios botánicos en Europa- son muchos los botánicos extranjeros que, atraídos por la variedad y riqueza vegetal de la península Ibérica, entonces prácticamente inexplorada desde el punto de vista botánico, incluyen la sierra en sus recorridos de estudio.

Webb (1826), Borgeau (1852), Rossmaessler (1854), Leresche (1862), Boissier y Reuter (1858), Hegelmaier (1873 y 1878), Rouy (1880), Puerta y Rigo (1885, 1890 y 1891), Diek (1892) o Paz (1896), son algunos de los naturalistas -todos ellos de renombre internacional- que recolectan, estudian y describien la flora de Mariola. Gracias a ellos la sierra se encuentra hoy representada en los herbarios de las instituciones botánicas más importantes de toda Europa. La tendencia se mantiene durante este siglo, en el que algunos de los más eminentes botánicos españoles hacen referencia a la sierra en sus trabajos sobre flora y vegetación.

Actualmente Mariola sigue siendo punto de referencia obligado para los estudiosos del mundo vegetal, que reconocen su interés e importancia como una de las sierras botánicamente más destacadas del País Valenciano. 

DEL BOSQUE AL PRADO

Antes de que la presión humana se hiciera patente en la sierra, la mayor parte de Mariola -excepto aquellos sitios donde las condiciones microtopográficas impidieran el desarrollo del suelo- debía estar cubierta por bosques, principalmente carrascales.

Los carrascales, dominados en su estrato arbóreo por la carrasca (Quercus ilex ssp. rotundifolia), son bosques típicamente mediterráneos donde predominan las especias de hojas duras y perennes (esto es, esclerofil.las). En general se trata de formaciones forestales con un estrato arbóreo denso, dominado como hemos dicho por la carrasca, aunque ocasionalmente pueden presentarse otras especias, como el fresno (Fraxinus ornus), o el arce (Acero granatense). Por bajo aparece un estrato arbustivo muy rico en grandes matorrales y lianas como la madreselva (Lonicera implexa), la rogeta (Rubia peregrina), el marfull (Viburnum tinus), la zarzaparrilla (Smilax aspera), el rusco (Ruscus aculeatus), la aladierna (Rhamnus alaternus), etc.

Un caso particular y muy interesante en lo concerniente a las formaciones forestales en la sierra es la de los bosques mixtos de quejigo (Quercus faginea) y fresno (Fraxinus ornus). En Mariola los encontramos de forma limitada en algunos lugares frescos (sobretodo en los alredores del Montcabrer y el Contador) y bordeando algunos barrancos húmedos. Junto al fresno y el quejigo aparecen otros árboles, como el arce (Acero granatense), el mostajo (Sorbus aria), el pino negral (Pinus nigra) y el tejo (Taxus baccata); de esta última especia se conserva una pequeña pero interesante población, muy famosa, en el paraje conocido como la Teixera de Agres.

Como hemos dicho, antes de que la presión humana afectara a los carrascales por diversas causas (necesidades agrícolas y ganaderas, utilización de la madera, etc.), estos bosques debían ocupar la mayor parte de la sierra. Actualmente su presencia es muy marginal.

La desaparición del bosque provoca que, como primera etapa de sustitución, aparezcan los sotos de carrasca (Quercus coccifera), o si las condiciones son más frescas, los espinares. Los coscojales son matorrales densos, donde predominan especias arbustivas de gran talla, muchas de las que aparecen también a la etapa de bosque. Podemos destacar, junto a la carrasca, el torvisco (Daphne gnidium), el espino negro (Rhamnus lycioides), el enebro albar (Juniperus oxycedrus), la sabina (J. phoenicea), el madroñero (Arbutus unedo) y, en las zonas más bajas, el lentisco (Pistacia lentiscus). Los espinares sustituyen a los bosques de hoja caduca de las riberas de los ríos, o los bosques mixtos de quejigo; son frecuentes las especias arbustivas de hoja caduca y espinosas, entre las que podemos destacar la endrina (Prunus spinosa), el cerezo de pastor (Crataegus monogyna), la zarza (Rubus ulmifolius), los rosales bordes (Rosa sp.), etc. Mención especial merece los sotos de ginesta (Cytisus heterochrous), de características intermedias entre los coscojales y los espinares, que aparecen como etapa de sustitución a los coscojales más frescos. Otras especias características en esta formación son el terebinto (Pistacia terebinthus), el guillomo (Amelanchier ovalis) o el espantalobos (Colutea arborescens).

El siguiente paso en lo concerniente a la degradación de los bosques es el del matorral almohadillado y tomillares; son comunidades que sobreviven bien en suelos poco profundos, siempre en sitios bien iluminados, y es aquí donde aparecen la mayor parte de las plantas aromáticas y medicinales, tan utilizadas en la sierra. A causa de la intensa degradación a la que ha estado expuesta Mariola, este tipo de vegetación es muy frecuente, bien en su estado puro o acompañada por un estrato arbóreo de pinos (Pinus halepensis), árbol que ha visto incrementada su área en la sierra debido a las repoblaciones realizadas. Entre las especias más características de estos matorrales podemos mencionar el cipell (Erica multiflora), el romero (Rosmarinus officinalis), la pebrella (Thymus piperella), las aulagas (Ulex parviflorus y Genista scorpius), las jarillas (Helianthemum sp. pl.), las estepas (Cistus sp. pl.), etc. Posteriormente mencionaremos un tipo característico de matorral almohadillado, los salviarios, limitados en las zonas más altas y frías de la sierra, donde encontramos, junto a la salvia, especies características como el piorno azul (Erinacea anthyllis), la mortera (Satureja intricata), o el espliego (Lavandula latifolia).

La degradación del matorral almohadillado y tomillares permite la implantación de prados vivaces, dominados por hierbas perennes como Brachypodium retusum, B. phoenicoides, Lathyrus tremolsianus, Mantisalca salmantica, Leucanthemum gracilicaule, entre otras. Tienen gran interés las paceduras de los niveles más elevados del Montcabrer, en los que aparecen especias de gran valor biogeográfico, muchas con afinidades bètico-nord-africanes: Poa ligulata, Festuca plicata, Festuca hystrix, etc.

El último estadio de vegetación superior en la sucesión natural de la vegetación es el de los prados efímeros, fomados por un gran número de pequeñas hierbas anuales que se desarrollan sobre suelos muy degradados.

Para finalizar, comentaremos la existencia de varios tipo de comunidades asociadas a unas determinadas condiciones del suelo, aparte de las características ecológicas generales del territorio. Un ejemplo típico de este tipo de vegetación son las formaciones hidrófilas, que aparecen bordeando ríos y otras corrientes de agua; su máximo exponente son las olmedas, dominadas por el olmo (Ulmus campestris), al que acompañan típicamente algunas especias de hierbas que soportan bien la sombra, como el aro (Arum italicum), el mijo (Lithospermum purpuro-caeruleum), la aristoloquia (Aristolochia paucinervis), la yedra (Hedera helix), etc.

Otras comunidades condicionadas por las características específicas del suelo son las que colonizan medios alterados por la masa humana, como los bordes de camino o los bancales (vegetación nitrófila), o las que aparecen en los rellanos terrosos de las rocas (vegetación rupícola). Este último tipo es muy interesante, ya que muchas de las especias que le forman tienen un carácter endémico. 

LOS ANIMALES

Aunque mucho menos conocida que la flora, la fauna de Mariola mantiene aún unos niveles de diversidad e importancia remarcables.

La cobertura vegetal de la sierra es la base utilizada por muchos animales como alimento. Muchos de estos seres -los herbívoros-, sobretodo los insectos, no comen cualquier planta, sino que presentan unas preferencias muy marcadas. Algunos ejemplos destacados son las mariposas arlequín, Zerynthia rumina y Z. cantereri, esta última en peligro de extinción.

Pero la relación que se establece entre plantas e insectos no siempre es perjudicial para la planta, sino que esta se beneficia casi siempre para reproducirse; el ejemplo más clásico es la abeja doméstica (Apios mellifica) que, a cambio de alimentarse del polen y néctar, posibilita el paso del polen de unas flores a otras.

Otros animales con una dieta herbívora, muy comunes en la sierra, son los conejos (Oryctolagus cuniculus); roedores como el lirón careto (Eliomys quercinus) o el ratón de bosque (Apodemus sylvaticus); o aves pequeñas y medianas como la perdiz (Alectoris rufa), el pinzón (Fringilla coelebs), el verderón (Carduelis chloris), el verderón (Serinus serinus) y la paloma torcaz (Columba palumbus), entre otras muchas.

Estos animales -consumidores primarios- son a su vez presa para otros animales -los consumidores secundarios-; estos cazadores no siempre son de grandes dimensiones y, así, debemos incluir en este grupo animales como los alacranes, las arañas, las libélulas, la santateresa y las gallinetas ciegas, los cuales se alimentan de insectos y, por ello, de veces son muy útiles para nosotros, ya que controlan las poblaciones de plagas agrícolas o forestales.

SapoOtros animales de mayor tamaño también basan su alimentación en los insectos y pequeños invertebrados: podemos mencionar algunos reptiles, como la lagartija (Podarcis hispánica), el lagarto (Lacerta lepida) o el dragón (Tarentola mauritanica); anfibios, como la rana (Rana perezi) o el sapo (Alytes obstetricans); aves, como el carbonero (Parus mayor), el petirrojo (Erithacus rubecula), ruiseñor (Luscinia megarhynchos), la collalba blanca (Oenanthe leucura), la lavandera (Motacilla alba), el abejaruco (Merops apiaster), el pito real (Picus viridis), entre muchas otros; o mamíferos, como los murciélagos, las musarañas (Crocidura russula y Suncus etruscus), o los erizos comunes (Erinaceus europaeus). Hay que insistir en la gran utilidad de todos estos animales para las personas -que son perseguidos y eliminados en gran medida-, por controlar sobre manera las poblaciones de insectos perjudiciales.

En un nivel alimenticio superior encontramos a los animales que se alimentan de todos los anteriormente mencionados, como la culebra viperina (Natrix maura), la culebra de escalera (Elaphe scalaris), el sacre o víbora hocicuda (Vipera latastei), y algunos mamíferos, como el zorro (Vulpes vulpes), la comadreja (Mustela nivalis) o la jineta (Genetta genetta).

Aguila RealEn los últimos escalones de la cadena alimenticia se sitúan los animales que se alimentan de los señalados anteriormente; hay que destacar la amplia gama de rapaces diurnas y nocturnas que aún sobreviven en la sierra: la águila real (Aquila chrysaetos), la águila perdicera (Hieraaetus fasciatus), la águila culebrera (Circaetus gallicus), el halcón peregrino (Falco peregrinus), el gavilán (Accipiter nisus), el azor (Accipiter gentilis) o el ratonero común (Buteo buteo), entre las diurnas, y el búho real (Bubo bubo), el búho chico (Asio otus), el cárabo común (Strix aluco), el mochuelo (Athene noctua), la lechuza (Tyto albo) o el autillo (Otus scops) entre las nocturnas.

Mencionaremos para finalizar algunos animales omnívoros, es decir, que se alimentan indistintamente de vegetales o de otros animales, y necrófagos, animales que se alimentan de los restos de otros; entre los primeros hay que destacar el jabalí (Sus scrofa), muy abundante en toda la sierra, y los cuervos (Corvus corax) y las urracas (Pyca pyca). 

LA PRESENCIA HUMANA

La presencia humana en la sierra de Mariola está documentada desde tiempos muy antiguos, como testimonian los hallazgos arqueológicos que se han realizado en los numerosos yacimientos que ha proporcionado la sierra.

La época prehistórica se encuentra relativamente bien representada en la sierra; los hallazgos más antiguos de la zona, correspondientes al paleolítico, se han localizado en los yacimientos de la Cueva del Pastor y Cueva del Salt (Alcoi). Probablemente atribuibles a esta época, caracterizada por la utilización de la piedra como material fundamental, sean los talleres de sílex al aire libre descubiertos en la partida de Polop (Alcoi).

En el neolítico, el hombre deja de ser predominantemente cazador y recolector y comienza a domesticar los animales que le resultan de utilidad y a cultivar la tierra y, por lo tanto, a sedentarizarse en mayor medida. Los yacimientos más importantes fechados en esta época son los de la Cueva de la Sarsa y la Coveta "Emparedà" (Bocairent), Cueva Bolumini (Alfafara) y diversas cuevas de los términos de Agres y Banyeres de Mariola. Del período siguiente, el eneolítico, se han recuperado materiales a las cuevas de la Sarsa y "Emparedà", Cueva del Moro (Agres), cuevas de la Niebla y la Higuera (Alcoi) y especialmente al importante yacimiento funerario de les Llometes (Alcoi).

En la edad del bronce el hombre comienza a ocupar, con finalidades defensivas, hábitats de altura. En los estribos orientales y meridionales de la sierra se han localizado algunos poblados de esta época, entre los que podemos destacar los de la masía del Corral, Muela Alta de Serelles, Muela de Agres, masía de Miró, etc.

A partir del siglo VI a. C. florece en nuestras tierras la cultura ibérica, de la que nos han quedados restos de importancia no solo en Mariola sino (y especialmente) en otras sierras del círculo montañoso: la Serreta, el Puig, etc. Los iberos, que buscaban para su emplazamiento lugares de acceso difícil, han dejado rastro de su paso en diferentes puntos de la sierra: el Alberri, masía de Sampèrius, el Castellar, el Cabeçó de Mariola, etc.

La llegada de los romanos a estas tierras y la lenta romanización sus pobladores, hace que estos abandonan sus hábitats de altura y los cambian por explotaciones al llano. De esta época son relativamente frecuentes los hallazgos de pequeñas explotaciones agrarias y "villae" rurales, especialmente al valle del río de Alcoi (Cocentaina y Muro), como también de otros restos dispersas: entierros de la Sima del Largo (Banyeres de Mariola), Camino de la Horteta (Alfafara), Torre Redonda y Huerta Mayor (Alcoi), etc.

Del período que transcurre entre la decadencia de la estructura política y económica romana (siglo V d. d. C.) y la llegada de los árabes quedan pocos vestigios conocidos en nuestras tierras. Parece, no obstante, que en estos "siglos oscuros" se produce una vuelta a los hábitats de altura y a las explotaciones pastorales. Los escasos restos atribuibles a este período son los del Alberri y probablemente algunos del Castellar.

La llegada de los árabes comporta un intenso cambio en el poblamiento y explotación de la sierra. Por primera vez se produce una colonización relativamente densa del territorio, dirigida a explotar agrícolamente todas las zonas favorables de la sierra. Esta colonización se completa con la construcción de una densa red de edificaciones defensivas (torres y castillos), dirigidas a la protección de las alquerías y poblamientos dispersos. 


 
 
  Ayuntamiento de Agres. 2019 Creditos